
Hola mis queridos amigos!
ESTE ES MI PRIMER POST y estoy feliz de que sea sobre este gran espectáculo que nos trae nuestro Waddys Jáquez. Desde 1999 Waddys nos viene trayendo sus historias, sus personajes complejos y pintorescos que cantan y nos hacen reir con sus relatos de dolor. Generalmente estos espectáculos están basados en temas diversos, siendo la inmigración uno de los principales. Esta vez Waddys nos habla sobre el SIDA y de la manera en que nos afecta a todos de alguna manera u otra. Para esta ocasión Waddys pone a descansar sus habilidades camaleónicas para incluir en su espectáculo teatral a dos grandes DIVAS del teatro dominicano: María Castillo y Carlota Carretero que también nos muestran su capacidad de reinventarse varias veces en el escenario, también se incluyeron elementos muy modernos como pantallas gigantes con audiovisuales que apoyan la actuación y una banda sonora hecha con sonidos producidos con la boca por el DJ Boba Bouche. En fin, tenemos que acudir a ver este innovador espectáculo teatral pues en él encontraremos un mensaje muy humano que nos concierne a todos, sobre una realidad que está acabando con miles de personas y que puede llegar a nuestras vidas si no actuamos con prudencia y conciencia.
A los interesados, Cero se está presentando en la Sala Ravelo del Teatro Nacional del 05 al 29 de Octubre. Jueves y Sábados 8:30 p.m. y Domingos a las 6:30 p.m. RD$300.00 (Las presentaciones se extenderán hasta Noviembre pues participará en el Festival Internacional de Teatro, aún no tienen fechas tentativas) y recuerden que el código de vestuario para la Sala Ravelo es muy flexible, se puede ir en Jeans (no shorts) y camiseta aunque es recomendable un jacket ligero pues hace mucho frío.
Como regalo les dejo la impresión que dejó este espectáculo en un artista amigo, cuyo talento para escribir no puede pasar desapercibido, espero les guste y les motive a darse una vueltecita por el teatro.
Puntos y apartes.
Cero, de Waddys Jáquez, desde el asiento y ordenador de Carlos Ortiz.
Volver a la veteranía no es cuestión fácil, si de actualizaciones se trata. Sobre todo es impresionante ver en un escenario y en una obra como Cero a estas diestras de la actuación. Si no queremos hablar de verdadero talento, entonces corresponderá voltear paginas de sinónimos y encontrar en pequeñas ilustraciones en líneas las efigies de la señora María Castillo y de la diva Carlota Carretero. Waddys no se pierde, el sabe lo suyo, y sabe que esas dos también. Trabajar con mujeres, a la manera Almodóvar, y sobre todo con féminas de este tipo, garantiza en cierta forma que el trabajo va a salir bien.
Waddys Jáquez nos habla desde el futuro. Y así es de ficticio, y sólo así, porque las voces que nos trae son nuestras (la de los teenagers de la zona oriental, la de los estructuralistas de la academia de epistemología, la de las bartenders del falafel, los diseñadores gráficos que trabajan o trabajaron en la Lincoln, los poetas que insisten en poblar la zona colonial, la de Dios) y estas traen noticias futuras, nuestras miserias futuras y futuras esperanzas.
Pero también hay algo de antaño en esta novísima creación de La Manzana Envenenada. Algo que nos recuerda una nacionalidad rancia, esto podrido que puede habitar adentro, en la cordillera, en las castas y las elites, en los estadistas que han creado familias a su semejanza: mantos bordados, manteles tejidos, severos matriarcados y paternidades en freeze. Y es que a Waddys se le nota que vive allá afuera, en los NY. Se le nota porque estos personajes son uncidos de un olorcito a ropa nueva y a expatriación. Se nota la distancia de un “mismo”, y de cualquier otro; una terrible especie de soledad.
Y entonces este humanismo que lo hace sobrevivir a su ausencia, que lo trae vivo y coleando (como el Huracán García, como la Clarivel, mejorándose) desde una última función de Letal que nos dejó esperando más. Esta vez responde ante la que ya no se llama epidemia, pero que generalmente no se llama, ni se dice. Ante esto mismo, este silencio, Waddys nos remite un poema de despojos, una llamarada roja que quema el escenario, uno que ardería completamente de no incorporar números musicales y muy atractivos audiovisuales. Distintas vertientes de una enfermedad que, como la lucha libre, sigue cautivando a grandes y chicos, cautivando a las grandes capitales del mundo, y todos los etcéteras que estas referencias a la enfermiza vaguedad de los medios masivos de comunicación y la programación caribeña de cuando usted, lector, y yo éramos pequeños, permite.
Podemos tasar la experimentación corporal que ya conocemos en Waddys. Incluso en otros cuerpos se puede barruntar ese trabajo con el cuerpo que nos hace pensar en arranques y pasiones, un tigueraje profundo del que tuvo que haber visto Jáquez desde muy temprano, un dolor parecido al que se muestra cuando se recibe una mala noticia, un fatídico diagnostico en un laboratorio. También podemos hilvanar personajes que nos vienen de otras producciones, gente que uno ya conoce y que se pregunta: ¿Qué habrá sido de fulana, la muchachita de Camaleón? Huracán es un sujeto de miedo, perro que ladra, pero conocido. Pero en la misma medida nos conmueve la contundencia de una Señora de Cartera Chanel que nunca vio el tren que se le venía encima, y la Vinicio que, lejos de hacernos reír, es un alma desgarrada, desgarrándonos. Otras frases nos estimulan la memoria, y tiene uno la impresión de estar presenciando un cuento hecho en casa, de viejos amigos queridos y que no se olvidan, de estos personajes que bien pueden haber ido contigo a aquel concierto de los Enanitos Verdes, aburrido contigo, bebido contigo, dormido, llorado, muerto contigo. Yo (si mi opción importa) me sumo a la furia de espíritus que componen la obra de este artista. Enlazar de esta manera estos años de trabajo es lo que nos conquista en su trabajo. Bravo, Waddys, Bravo, y que Dios te bendiga.
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Carlos Ortiz es Escritor y Artista.
Agradecimiento especial a Joel Luna por facilitarnos las imágenes del espectáculo.